Al decidir participar en actividades medioambientales, las empresas generalmente necesitan ir más allá de lo requerido por las leyes y reglamentos. Se trata mayoritariamente de un compromiso moral tomado por las organizaciones y sus empleados. Esta es la principal razón por la cual integrar dichas motivaciones en las prácticas cotidianas de las empresas resulta sumamente complicado puesto que requiere la transformación de estímulos intangibles en acciones concretas y fáciles de medir. Es por esto que las empresas precisan redefinir sus procesos de negocio para hacerlos menos nocivos para el medio ambiente. Algunos aspectos de la reducción de externalidades negativas pueden ser evaluados como la infraestructura (ambiente tecnológico), el impacto de los productos y/o servicios (producción y consumo responsables) y las prácticas empresariales de las empresas. Así, las empresas cuentan con una gama interesante de alternativas que les otorga flexibilidad que puede llevarlos a tomar mejores decisiones que concuerden con sus estrategias existentes y que puedan ser mejor integradas en sus prácticas.  En lo que concierne la conformidad para con las leyes medioambientales, una tendencia interesante se refleja en la infraestructura (hardware), el consumo de energía y la emisión de gases de efecto de invernadero. Es por esto que muchas empresas optan por equipos de mayor rendimiento. Una razón para esto es que los resultados de dichas iniciativas son fáciles de medir (como menores gastos de energía por ejemplo). Sin embargo, estos equipos son de alto costo puesto que requieren de mucha investigación y desarrollo.  

Por otra parte, otro enfoque para minimizar el impacto medioambiental son los cambios en los sistemas de producción de las industrias. Un ejemplo interesante (y que es tomado por ISO 14040) es el enfoque sobre el ciclo de vida del producto. Esto permite a las empresas evaluar el impacto medioambiental de un producto desde la extracción de la materia prima usada para hacerlo hasta el reciclaje del mismo, pasando por el uso que el consumidor le dará. Es así que la visión del ciclo de vida del producto se convierte en una herramienta interesante que sobretodo permite a las empresas medir el impacto medioambiental en cada fase de la vida del producto, desde la concepción del mismo, eliminando así las externalidades negativas en la fuente, es decir, antes de que aparezcan. 

Finalmente, muchas empresas (especialmente las de servicios que no tienen actividades de manufactura) eligen modificar sus actividades de gestión, al hacerlas de bajo impacto para el medio ambiente. Esto es una práctica incluida en los estándares ISO, puesto que permiten la creación de objetivos que pueden ser cuantificados. Otros ejemplos de iniciativas de minimización de impacto sobre el medio ambiente son los bonos de carbono, la creación de espacios de trabajo sin papel y el uso de edificios de bajo impacto ecológico.  

Para muchas empresas, la disminución del impacto sobre el medio ambiente es crucial para su supervivencia. Un ejemplo de sector de actividad que tiene que tomarlo en cuenta son las aseguradoras que tienen que lidiar con crisis medioambientales más a menudo. Esto crea nuevos espacios de negocio que antes estaban dejados de lado. Por otro lado, nuevas oportunidades de negocio aparecen, como consultoría, investigación y desarrollo, empresas de bonos de carbono, etc. Sin duda, el medio ambiente requiere de grandes cambios en las actividades de las empresas, sin embargo, dichos cambios no deben ser percibidos como negativos sino como nuevas oportunidades lucrativas de negocio.

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